domingo 9 de noviembre de 2008

El Estómago del Primer Mundo


El objeto de este blog es pasarlo bien, escribiendo y contando cosas. Sin restricciones y sin normas.

Es un principio que he intentado seguir desde el primer día y se me ha ido a una publicación para contar chorradillas que más o menos me hacían gracia.

Pero hay veces que no puedo. Hay días en los que se me mueve algo por dentro, algo nada agradable que tengo que sacar a pesar de todo.

Por eso voy a contar la historia de esta foto como a mí me ha llegado.

Mi prima Ali se fue un buen día a Manila, a echar una mano en la recuperación del centro histórico. Un proyecto envidiable que se ha cogido con todas las ganas.

Una ciudad nueva, un país nuevo, un mundo nuevo.

Como es inquieta, cuando tiene tiempo coge el petate y viaja. Y nos va contando. Nos dice que hay muchísimo que ver. Que es como un paraíso. Por lo que vemos parece verdad.

Pero todo paraíso tiene su cara oscura.

En uno de sus viajes fue a los barrios marginales, los llaman Barangay, donde se hacinan familias y familias de ilegales que el gobierno no sabe cómo quitarse de encima.

En uno de esos barrios sacó esta foto que se me quedó enganchada en la boca del estómago y no me suelta.

No sé si es el estado en que está el niño o el paralelismo con el gato vagabundo muerto con todo lo que tiene de precursor, pero ahora el Euríbor, la crisis o la peli del domingo por la tarde me parecen terriblemente superfluos.

jueves 2 de octubre de 2008

Consejos marcianos para un otoño provechoso


Consejo número 1. Si tienes retortijones, no es buena idea que te vayas de boda.

Consejo número 2. Si a pesar de ello has ido de boda. No es buena idea comer sin parar desde las 16,30 h. hasta las 20,30 h.

Consejo número 3. Ya que nos conocemos, y sabiendo que vas a hacer caso omiso de los consejos número 1 y 2, definitivamente no es buena idea estornudar en el puesto de trabajo.

jueves 18 de septiembre de 2008

Maldito chupasangre

¿Señor García? (voz femenina, afectada)

Sí, yo mismo (desconcertado)

(silencio tenso)

Le llamamos del Centro de Transfusión. Es para recordarle que nuestro horario es de 8 de la mañana a 9 de la noche y que abrimos también los sábados (persuasiva).

(silencio tenso)

(Efectos sonoros: repiqueteo de lápiz sobre mesa, taptaptap)

¿hasta las nueve? (culpable)

Sí, hasta las nueve (despechada).

Gracias. Gracias.

Hace ocho años que no me paso por el Centro de Transfusión. No es para estar orgulloso, pero es que la sangre me provoca pánico, y en su día tuve que hacerlo. Pensaba que no hay rollo que no valga su buen medio litro de sangre (uno era joven y descerebrado...).

Fue una historia entrañable: Hola guapa, ¿qué tal en el trabajo?. Bien, tuve dos visitas. ¿Desmayos?. Un señor.
(Era la reacción habitual: Niña ¿y esos cordeles ahí colgados como butifarras?. Son cordones umbilicales... se esá poniendo pálido, ¿se encuentra bien?)

Prometo firmemente enfrentarme a mi pánico reverencial a las agujas y a las relaciones jodidas y pasar por camilla. Eso o me meto en un autobús de esos que van por ahí como temporeros recolectando hemoglobina (vampiros, les llamaban).
Para no olvidarme he decidido incluirlo entre mis objetivos para el próximo curso. En un lugar de honor, justo entre ganar la Primitiva y enrollarme con Elsa Pataky. A ver si al menos cumplo con uno...

lunes 15 de septiembre de 2008

La otra puerta

Finalmente me he cambiado de gimnasio.

Ya sé que no es una noticia que vaya a conmocionar la blogosfera, pero es que ha sido una decisión difícil.

Terminé de convencerme cuando nos quitaron las paredes y tuvimos que hacer flexiones entre cascotes ¡sin casco! (con lo que siempre me gustaron esos chismes).

Ahora echo de menos a mis amigitos. Después de cinco años compartiendo vestuario se crean vínculos... y no, no estoy hablando del que se afeitaba los güevos, con ese no había vínculos, me refiero a los que nos pasábamos pelis y despotricábamos de política esgrimiendo discos de 10 kilos en cada mano, entrañable.

Ahora estoy en un sitio más grande y con gente que todavía no conozco, así que a veces me pongo triste.
En esos momentos voy al hidromasaje, o al baño de vapor, o a la piscina, o a jugar al squash, o al pádel o a lo que me apetezca y entonces más que tristeza me da la risa floja acordándome de los cascotes, los agujeros en el techo y de cuando nos chorizaron la puerta de la sauna.

Quiero pensar que mis amigos están bien.
Supongo que habrán terminado las obras por fin y las nuevas instalaciones estarán niqueladas, pero por el momento voy a seguir donde estoy.
Sólo espero encontrarme algún día en el jacuzzi con alguno que también se haya hartado porque, por cierto, ahora también tengo jacuzzi.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Homo Internensis

La memoria está en desuso.

Gracias a las nuevas tecnologías no hace falta acordarse de nada. ¿Qué películas hizo Robert de Niro? Míratelo en gúguel ¿Cómo eran Caponata y Perejil? Seguro que si pruebas en yutuf...

Es el Homo Internensis, que ha decidido cambiar los megas de memoria por un procesador más potente directamente conectado con el bulbo raquídeo o donde toque.

Supone una serie de consecuencias interesantes ¿verdad?

La primera la sufrí en carne propia el viernes, cuando volví al curro y me encontré con que mi ordenador se había vuelto sociópata. Tantos años de trabajo mano a mano y no me reconocía, nada, no iba, ni siquiera un saludo. “Disco duro kaputt”, venía a decir.

Bueno, malo será –me dije-.

Iluso.

Oye, pásame el discurso aquel de marzo. Disco duro kaputt.
¿Tienes el balance de curso político?. Disco duro kaputt.
Dónde coño habré metido el listado de teléfonos... Disco duro kaputt.

No voy a regodearme en los sudores fríos, ataques de pánico ni mal rato que pasé hasta que llegaron los magos de la informática, que no sé por qué pero nunca pueden arreglar nada hasta que lo arreglan, tienen ese puntito sádico entrañable.

Sí que me voy a regodear en que ahora ya sé lo que vale mi trabajo de tres años en el Parlamento de Galicia: aproximadamente cuarenta gigas.

Finalmente en dos días recuperé mis recuerdos, los buenos y los malos, pero se me ha quedado el susto en el cuerpo.

¿Qué le vamos a hacer?.

Pues muy fácil. Una copia de seguridad de mi familia y amigos, no sea que un día me levante reseteado...